«No es tu culpa, mi niña adulta»

No es tu culpa. No. Es injusto pedirte saberlo todo, controlarlo todo. Confia en ti, y en la vida. Camina por el camino interior de amor.

Cuando éramos niños, interpretábamos las reacciones de nuestros padres, seres queridos y entorno, a nuestro libre albedrío.

Literalmente.

Por ejemplo: Si papá o mamá llegaban tarde a recogerme al cole, emocionalmente yo asumía que era su última prioridad, que no era querida. ¿Era eso la realidad? Para nada. Soy madre hoy, y te das cuenta de lo complicado que es mantener todos los malabares de la vida. A veces uno se cae, y no quiere decir que dejes de querer el otro, simplemente que estás recogiendo el caído mientras tratas de mantener lo mejor que puedes y sabes los que ya están circulando.

Pero un niño, no tiene esa madurez emocional adulta. No puede entender a nivel emocional que si no estás a la hora y segundo prometidos, no es falta de amor, es a veces un accidente de coche que te retrasa, es fuerza mayor, y que sigues siendo el niño más querido del mundo. A no ser, que se lo expliques, le entiendas desde su posición de niño, y le hables a ese miedo que siente.

Como padres, es importante que expliquemos a los niños el porqué de las cosas, que somos humanos y a veces también perdemos la paciencia, que a veces no podemos controlarlo todo, mostrarse humano en lugar de perfecto es lo que ellos necesitan, y sobretodo, que reinforcemos el mensaje de que les queremos mucho, que son valiosos, únicos y muy importantes, y que ¡no es su culpa! Repetir tanto como necesario el mensaje del amor. Porque a veces, ellos asumen que es su culpa sin que el adulto lo sepa. Pero tú lo puedes clarificar (a tu niño interior, o exterior 😉 ).

No podemos pedirnos ser perfectos, ni controlar todos los eventos de la vida, pero sí educar y gestionar las emociones, clarificar todos los malentendidos: las nuestras, las de nuestro niño interior (que tengas la edad que tengas, también te necesita), y si tienes, la de nuestros hijos.

Como el ejemplo de malentendido anterior del papá o mamá que llega tarde al cole, se van sumando infinidad de malentendidos emocionales en nuestra infancia, que hace que crecemos creyendo cosas como:

  • «No soy suficiente»
  • «Es mi culpa si papá y mamá se enfadan»
  • «No me quieren»
  • «Hay algo mal en mí pero no sé lo que es. Si fuera diferente me querrían más»
  • «Si no hiciera o me gustara X, todo iría mejor»
  • Y un largo etcétera.

La verdad es: No es tu culpa. Sí eres suficiente. Sí eres querido y siempre lo has sido. No, no hay nada malo en tí. Todo está bien en tí. Si, eres único y especial. No, no es nada malo que te guste lo que te gusta, de hecho, eso es lo que te hace especial, así que potencialo.

Es importante, una vez en la edad adulta, tomar el tiempo de reflexionar sobre qué cosas nos decimos a nosotros mismos, cómo nos hablamos a nosotros mismos (nuestro diálogo interno), qué creencias arrastramos en este ámbito, y tomarte el tiempo de revisarlas, para liberarte, para permitirse vivir una vida mas ligera, sin sentimiento de culpa, des del amor, sabiendo lo amado y especial que eres.

A veces, se trata simplemente de un malentendido que nunca fue aclarado. Pero te tienes a tí mismo, el recurso más valioso: Te necesitas a tí, hablarte a tí, amarte a tí, perdonarte a tí, reconocerte a tí, liberarte de la culpa a tí, y saber que todo está bien tal y como está, tal y como eres.

Te propongo un ejercicio muy sencillo pero revelador:

Por los siguientes 7 días, toma conciencia de tu diálogo interno. Si puedes, anota en una libreta los pensamientos y palabras que detectes en tu interior. Por ejemplo, cuando te des cuenta que en tu mente pasan pensamientos o palabras como «Yo no sé», «Yo no puedo», «Porqué me pasa siempre a mí», «No me van a escuchar», etc, anótalas. Sin juzgar. El objectivo aquí es simplemente que tomes conciencia de tu diálogo interno, y del poder que tiene sobre ti. Escribe, toma consciencia, y cada vez que te des cuenta, intenta cambiarlo por su positivo (por ejemplo: «Yo puedo», «Lo voy a intentar», «Me amo y me escucho a mí misma», «tengo los recursos necesarios», «No sé lo que pasará, pero pase lo que pase, soy fuerte y resiliente». Etc.

«Vomitar» en un papel lo que te dices a tí misma: Simplemente para tomar consciencia, y decidir qué palabras que te dices a tí misma quieres cambiar, y por cuales.

Mis mejores deseos para que transformes tu diálogo interior y pases a llevar la dirección de tus pensamientos, des del amor propio incondicional.

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